
De los hechos insólitos que me están ocurriendo estas últimas semanas creo que este es sin duda el que se lleva la palma. Es tan increíble que todavía me tiene un poco perplejo y tenía la necesidad de contarlo para que no caiga en el olvido y el desconocimiento.
Me encontraba como la mayoría de las tardes frente a mi PC, estaba un poco ido con la mano apoyada en la barbilla mientras miraba absorto las descargas del Emule, pensando no se muy bien si en esa chica morena o en que tenía que ponerme a escribir algo, o quizás las dos cosas, no lo tengo del todo claro la verdad.
El caso que durante esta especie de embelesamiento al que me someto de vez en cuando, escuché un ruido que provenía del bote de los lápices, evidentemente la primera reacción fue asustarme ya que pensé que se trataba de algún bicho o ratoncillo que había caído dentro del bote. Pero nada mas lejos de la realidad, si os soy sincero no se que hubiera preferido si un bicho o lo que a continuación salió del bote.
Los lápices se movían en círculos dentro, como si algo intentara apartarlos para hacerse hueco, cuando todos los lápices, bolígrafos y rotuladores estuvieron agrupados en una parte empecé a escuchar muy bajito una especie de “bep” que se acompañaba de un zarandeo del cubilete, que casi estuvo apunto de tumbarlo un par de veces.
Después de tres “bep” muy seguidos, mi perplejidad llegó hasta extremos creo nunca antes alcanzados, de repente y escapando a toda lógica, un pequeña mano cubierta por un trocito de tela a modo de guante marrón con su diminuta hebilla asía con fuerza el borde del bote.
Con un notable gesto de esfuerzo y acompañado de un sonidillo gutural, que me resulto gracioso, apareció un trocito de tela verde que cubría una especie de cabecita donde destacaban dos ojillos enormes y violetas. Siendo la boca y la nariz casi anecdóticas.
Creo que mi boca tendría que estar ya lo suficientemente abierta como para dejar ver todos los empastes, pero seguro que llegó al borde de la dislocación de mandíbula cuando ese ser pequeño y extraño, con una pirueta similar a las que dan las gimnastas de suelo y acompañado de un sonido que sonaba como “yiiipaa”, se plantó de pie en mi escritorio.
Ya no sabía como reaccionar, esa extraña figurilla me miraba de frente, quieto, con sus dos ojillos brillantes bien fijos en mí. Los dos inmóviles frente a frente, el pasmo debía ser mutuo.
El pequeño ser, al parecer mas valiente que yo, decidió mover el brazo y con un apéndice que se movía debajo del guante, que no me atrevería a llamar dedo, se señalaba a sí mismo. Agitaba la mano, no sin pocos aspavientos para su escaso tamaño, repitiendo un sonido que muy bajo sonaba parecido a un “Llec Llec”, por buscar una lógica dentro de lo surrealista de todo esto, pensé que trataba de decirme su nombre.
Para no ser descortés, tiré del protocolo aprendido en las películas americanas para este tipo de encuentros y haciendo el mismo gesto me señalé con el dedo índice. Logré repetir tartamudeando varias veces mi nombre. La diminuta criatura reaccionó y repitió más alto “Llec Llec”, como si se hubiera alegrado por habernos podido entender.
En un gesto de decisión por mi parte, incliné la mano hacia él con intención de tocarle y un movimiento sumamente veloz y acompasado con un “yiiipaa”, mucho mas sonoro que el anterior, se metió de un salto dentro del bote de los lápices, el cual quedó girando sobre si mismo unos instantes.
Inmediatamente cogí el bote de los lapiceros a ver si “Llec Llec” estaba bien, pero cual fue mi sorpresa que dentro del bote no había nada más que lápices. Saque los lápices y bolígrafos uno a uno, pero nada. Había desaparecido.
Fue la primera y la última vez que vi a “Llec Llec”, pero para la próxima ya estoy precavido, por que ahora se que a los pequeños gnomos de los botes de lápices no les gusta que les toquen.